Boca juega como vive Arruabarrena: sin estridencias y con las ideas cada vez más claras

Boca volvió a ser un equipo serio, cada vez más identificado con la idea de su entrenador. Y quizás esa sea hoy su mayor virtud: entiende qué pide cada partido y rara vez se aparta de ese plan. Mostró aplomo y autoridad, peleó cuando hubo que pelear y construyó otro triunfo sólido, sin salirse del libreto ni dejarse arrastrar por un San Lorenzo que intentó llevar el trámite a la fricción. El 2-0 tuvo bastante de esos triunfos a lo Bianchi, a lo Basile: sin estridencias, sin necesidad de pasar por arriba al rival, pero con la sensación de que Boca tenía el partido bajo control y que en algún momento iba a encontrar la diferencia.

Desde el principio quedó claro que los dos lo vivían distinto. San Lorenzo, con todo el calor de un clásico: estadio lleno, telones, mosaicos y fuegos artificiales. Necesitaba empujar desde afuera a un equipo que llegaba golpeado y que todavía intenta acomodarse con Ruben Darío Insua. Boca llegaba desde otro lugar, con la confianza de un equipo que viene ganando, que sabe a qué juega y que ya mira también todo lo que tiene por delante.

San Lorenzo de Almagro vs Boca Juniors
Fecha: 20/09/2026
Fecha 10 Torneo Clausura Liga Profesional.

Pero todo ese impulso inicial de San Lorenzo duró apenas un puñado de minutos. Después empezaron a quedar expuestas las diferencias entre los dos equipos. Rodrigo Auzmendi fue el primero en avisar con un cabezazo desviado. Después, casi todo fue de Boca.

Y tampoco necesitó acelerar demasiado para dominar. Incluso antes de que Manuel Insaurralde viera la roja a los 31 minutos del primer tiempo por una dura entrada contra Santiago Ascacibar, por momentos parecía jugar con uno más. San Lorenzo esperaba replegado y cada aceleración de Boca empezaba a generar peligro. Leonel Flores llegaba por derecha, Lautaro Blanco complicaba por izquierda, Miguel Merentiel fijaba centrales y desde atrás aparecían Santiago Ascacibar y Alan Velasco para ocupar los espacios que se abrían cerca del área. El Ciclón terminaba defendiendo demasiado atrás y aún así Boca encontraba la manera de llegar.

Cuando recuperaba, además, la pelota le quemaba. Farías quedaba rápidamente absorbido y Alexis Cuello, reemplazado tras la expulsión, ya no estaba para tirar diagonales, arrastrar marcas o liberar espacios. Era Farías contra el mundo. Y así, San Lorenzo tenía muy pocas posibilidades de sostener la pelota lejos de su arco.

El primer tiempo terminó con 72% de posesión para Boca y nueve remates, aunque apenas dos al arco. Ahí estuvo su único pecado: perdonó demasiado un partido que ya tenía controlado. Merentiel desperdició una situación inmejorable por buscar una definición más elegante que efectiva y Ascacibar y Lautaro Di Lollo tampoco acercaron de cabeza. Si se fueron 0-0 al descanso fue más por lo que falló Boca que por mérito de San Lorenzo.

En poco tiempo, Rodolfo Arruabarrena le cambió la cara a Boca: armó un equipo serio, sin estridencias y, sobre todo, ganador

La diferencia de jerarquía y, sobre todo, de momentos se veía en cada pelota. Y Boca, además, tenía a Leandro Paredes, que fue eje, administró los tiempos y no cayó en las provocaciones de los jugadores de San Lorenzo, que fueron a buscarlo desde el arranque. Se impuso desde el juego, sin entrar en discusiones ni apartarse de lo que necesitaba el equipo.

La expulsión de Insaurralde acentuó una superioridad que ya existía, aunque durante un rato San Lorenzo pareció reaccionar. Subió la intensidad, volvió a apretar sobre Paredes y trató de llevar el partido al roce. Embarró el trámite y consiguió que Boca tuviera incluso menos situaciones claras en superioridad numérica que cuando estaban 11 contra 11.

Leandro Paredes fue la figura ante San Lorenzo: distribuyó el juego, marcó presencia y completó los 90 minutos

También hubo una buena lectura de Rodolfo Arruabarrena. El Vasco de esta segunda etapa parece entender mucho mejor los momentos y lo que pide cada partido. Sacó en el entretiempo a Facundo Herrera, amonestado y caminando por la cornisa, porque lo único que podía devolver a San Lorenzo al partido era que Boca también se quedara con diez. Esperó para ver cómo regresaban los equipos y recién después empezó a tocar el banco. No necesitó demasiado: llegó el gol de Lozano y desde entonces el partido quedó prácticamente resuelto.

Después, el clima cambió el partido. La lluvia cayó cada vez con más fuerza, la cancha empezó a juntar agua y la pelota dejó de rodar. Después se cortó parte de la iluminación, pero los capitanes decidieron seguir. A media luz, bajo el agua y con la pelota clavándose en los charcos, por momentos pareció un partido de campito.

Para colmo, con el resultado todavía 0-1, Insua sacó a Farías, el único jugador de San Lorenzo capaz de inventar algo diferente, y apostó por un corredor como Juan Pablo Álvarez. Una decisión llamativa para un equipo que necesitaba ir a buscar el empate. Sin Farías, San Lorenzo perdió al único jugador que podía generar algo de peligro y Montero siguió siendo un espectador. El delantero se fue directamente al vestuario, más caliente por el cambio que por algún aparente problema físico.

El temporal terminó siendo, incluso, un alivio para San Lorenzo. Con una cancha normal, Boca probablemente hubiera encontrado muchas más oportunidades y el resultado pudo ser bastante más amplio.

El Ciclón ganó apenas uno de los últimos 28 clásicos que disputó, un dato también sirve para poner en contexto los presentes de los dos. En Boca, un triunfo volvió a llamar a otro. Vendrá Racing por la Copa Argentina, después Unión e Instituto y más adelante Vasco da Gama por la semifinal de la Sudamericana. El club había expresado su bronca por tener que jugar durante la fecha FIFA, pero a este Boca casi que le conviene seguir jugando. Está confiado, gana y cada vez resuelve los partidos con mayor facilidad. Y volvió, sobre todo, al punto de partida: a ser un equipo confiable.

Lo mejor de San Lorenzo vs. Boca

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